3000 kilómetros de distancia y retrocediendo una hora en el tiempo aquí estoy.
Una cuidad donde la madera calienta las casas donde tanto frío hace fuera.
Con el mar Báltico en mis ojos, un poco de salmón con patatas en la boca, paraguas en mano y cámara en el cuello es hora de perderse por las calles y dejarse sorprender y estar siempre dispuesta a aprender.
Por ahora nos conformaremos con seguir descubriendo todo lo que este mar del norte esconde.
Helsinki,
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