Hace un año y medio que dejé de escribir por aquí, precisamente cuando comencé a escribir en lo que empezó siendo mi cuaderno de viajes y es hoy mi diario o caja de las reflexiones.
Un año y medio de cambios, nuevas responsabilidades, muchos libros y mucha tinta y recortes sobre el papel.
Comencé este blog en 2011, haciendo sin darme cuenta del escribir mi forma de expresión. Hoy, 5 años después y con alguna falta de ortografía menos, mi lámpara de noche y papel se han convertido en mi santuario y pausa necesaria en la aceleración constante de mi día a día.
También mi cámara cada vez ha ido pesando más en mi cuello a medida que pasaba el tiempo. Haciendo infinitos los instantes, haciendo arte de lo cotidiano y siendo mi lente sobre la que descubrir el mundo y todo lo que este tiene para enseñarnos.
Por eso, el otro día viendo las fotos de este último año y medio, y fiándome de mis impulsos, me quedé con estas:
Una nueva forma de pisar el hielo.
La necesidad de las pausas.
Lo visual y lo que no se ve.
Decisiones y cambios.
El amarillo del sol y la gente.
Los txin-txines infinitos.
Un mundo por cambiar.
De sueños también se vive.
Con esto y la promesa de no abandonar este otro rincón donde compartir mi lienzo y pinceles me despido diciendo: namasté.
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