martes, 15 de mayo de 2018

Las agujas del reloj

Los días, las estaciones, los años pasan… 




Pero la velocidad con la que lo percibimos depende de nosotros y de nuestra actitud. Porque no es lo mismo un “¡el tiempo vuela!” cuando no llegas a una entrega que cuando no quieres que se acabe un viaje, o un “parece que no ha pasado el tiempo” cuando te reencuentras con un viejo amigo que cuando parece no llegar la hora en la que tu reunión acabe.


Vivimos y cambiamos rápido, con prisa, sin tiempo a veces de procesar todo lo nos ocurre. Porque a fin de cuentas somos las decisiones que tomamos y aquellas que toman por nosotros. 


Desde qué desayunamos cada mañana, hasta a qué dedicamos nuestra vida y con quién decidimos hacerlo. El cómo asumir las consecuencias de estas decisiones, depende una vez más de nuestra actitud, de si decidimos ser actores o espectadores de nuestra propia historia.


Cada una de estas decisiones supone un cambio, dejar algo por otra cosa. Cambios que a veces se traducen en cómo de cansado llego al trabajo (al elegir el medio de transporte para hacerlo) y otras nos hacen cambiar de ciudad, trabajo o compañero de vida.



“Tiempo al tiempo” solemos decir a todas esas veces en las que la vida nos sorprende, pero ¿qué significa dar tiempo al tiempo?


Personalmente, no sé a qué se refería aquel que por primera vez dijo esta frase, pero para mí significa dejarse llevar, improvisar… Pausar y rebobinar como canta Izal.



O  “que la vida nos saque a bailar" como dice la canción de Izaro.


Y que lo haga sea lunes, viernes o domingo porque cada día es una nueva oportunidad. No podemos vivir esperando esa llamada, esas vacaciones… sino cambiar la mirada y vivir el hoy.

 

Porque como me escribieron hace unos días con mucha razón y aún más cariño:
“El día ocurrirá, te levantes o no.”



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